El hotel modernista que rinde culto al diseño3 min read

En la animada (y no tan conocida por turistas) colonia Juárez de Ciudad de México, el Hotel Carlota, inaugurado en junio de 2015, es un lugar de culto al alto diseño.

el Hotel Carlota es un lugar modernista con 36 habitaciones, una piscina (una rareza en los hoteles boutique de Ciudad de México) de paredes de vidrio, un restaurante en una terraza y una tienda de última moda, Taxonomía, que se combinan en una atracción para ver y dejarse ver. Además, se admiten mascotas.

¿Dónde?: Hotel Carlota, Río Amazonas 73, Ciudad de México, +52 5511 6300; hotelcarlota.com

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Las habitaciones: La estética rústica de las habitaciones destacó cuando nos mostraron nuestra suite (elegí una mejor habitación cuando nos registramos), y resultó ser un búnker de concreto con techo bajo pero espacioso, cuya única ventana, escondida detrás de unas cortinas que no dejan pasar la luz, abre hacia el corredor y el patio público. Temiendo que hubiera mucho ruido, pedimos que nos transfirieran y nos llevaron a una habitación de tamaño estándar en el segundo piso, con grandes ventanas que dan a la calle (mucho mejor). El piso y el techo de hormigón se hacen más cálidos con alfombras a rayas, lindas banquitas bajo las ventanas y una instalación artística en tres dimensiones iluminada con neón arriba de la cama de madera clara. Había una televisión de pantalla plana, una caja fuerte y una variedad de botanas locales gratis, aunque una botella de agua cuesta 80 pesos (casi 4 dólares), algo extraño en un lugar donde no puede beberse agua del grifo.

 

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El baño: Todo blanco, con un lavabo de piedra con llaves vintage que eran muy duras de girar, y una regadera de buen tamaño. Tal vez porque cambiamos de habitación sin avisar, nuestro baño no estaba del todo listo: había moho en la cortina de la ducha. Tampoco había perchas en el baño, y los armarios de afuera no tenían ganchos, ya no digamos batas (después de solicitarlos, el hotel mandó algunos ganchos de hierro, que no combinaban para nada con la vibra vanguardista del hotel).

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Servicios: El hotel presta bicicletas pero, cuando tomamos un par para usarlas, pronto nos dimos cuenta de que, en lo que respecta al mantenimiento de bicis, obtienes lo que pagas: un asiento se cayó por completo a la mitad del paseo (el personal se disculpó cuando regresamos). La boutique Taxonomía ofrece lo último en diseño mexicano, desde vajillas hasta ropa, y ya es una de las favoritas de los compradores de la jet set. La piscina en el patio es un detalle adorable, aunque quizá se sienta demasiado como una pecera para algunos nadadores. Estaba vacía durante nuestra estancia, pero nos dio justo la atmósfera correcta para unas fotos de moda una mañana.

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Comida: El Carlota brilla en sus espacios públicos, incluyendo el bar en el vestíbulo, las mesas al lado de la piscina y el restaurante; todos dan al patio interior. Al mando están los chefs Joaquín Cardoso y Sofía Cortina, cuya experiencia va del Alain Ducasse al muy celebrado Pujol (en Ciudad de México). Ofrece una escena sofisticada y genial para la comida. El menú experimenta con cocina mexicana moderna, y nuestro desayuno (con servicio a la habitación) de chilaquiles con huevo estuvo delicioso y servido de manera hermosa, con varias botellas de agua. Sin embargo, los cubiertos llegaron tarde: uno de los varios ejemplos de que el Carlota tiene estilo pero no un buen desempeño en cuanto al servicio.

 

Fuente: The New York Times

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tonyyarto

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